La calidad del sueño y la ansiedad juegan un papel crucial en el desempeño escolar de los adolescentes. Un reciente estudio realizado con estudiantes de secundaria en El Alto ha evidenciado una correlación positiva moderada entre ambos factores: mayores niveles de ansiedad se relacionan con una calidad de sueño inferior.
El análisis, que incluyó a estudiantes de la Unidad Educativa Técnico Humanístico Vicente Donoso Torrez B, evaluó a 199 alumnos de tercer y cuarto de secundaria entre febrero y junio de 2026. Se determinó que más del 75% de los participantes sufrían de mala calidad de sueño y un 25,6% presentaba ansiedad severa. Sin embargo, los investigadores no hallaron una relación significativa entre estos factores y el rendimiento académico de los estudiantes, que en un 60,8% se clasificó como regular, con promedios de 51 a 75 puntos.
La correlación entre la ansiedad y la calidad del sueño fue medida a través del coeficiente de Pearson, que resultó en 0,64, indicando una relación positiva moderada. Esto implica que a medida que aumenta la ansiedad, la calidad del sueño tiende a deteriorarse. Samantha Isabel Peñafiel Chuquimia, una de las investigadoras, enfatiza que este fue uno de los hallazgos más relevantes del estudio, destacando que "a mayores niveles de ansiedad existe una calidad de sueño más deficiente en estos estudiantes".
No obstante, el estudio subraya que no existe una correlación lineal significativa entre calidad de sueño y rendimiento académico, cuyo coeficiente fue de -0,12, ni entre ansiedad y rendimiento académico, que mostró un coeficiente de -0,09, lo cual sugiere que no se puede afirmar que la falta de sueño o la ansiedad causen un bajo desempeño escolar.
Los investigadores también identificaron varios factores que influyen en la mala calidad del sueño, los cuales van más allá de la presión académica. Se mencionaron problemas familiares, dificultades económicas, presión social y el uso excesivo del celular antes de dormir como elementos que contribuyen a esta situación. Peñafiel señala que "no es una presión de rendimiento académico, sino más bien problemas psicosociales como problemas en casa, problemas económicos o presión social".
El estudio destaca la importancia de que los padres y educadores no se limiten a observar solo las calificaciones para identificar el bienestar de los adolescentes. Un estudiante podría mantener un rendimiento académico aceptable mientras enfrenta problemas de sueño o altos niveles de ansiedad. La OPS enfatiza que la salud adolescente es esencial para el desarrollo y que muchos de los hábitos formados en esta etapa pueden repercutir en la vida adulta.
Como recomendación, el equipo investigador sugiere llevar a cabo estudios más amplios que incluyan otros factores relacionados con la calidad del sueño y la ansiedad. "Recomendamos que para la próxima puedan ampliar la población y asimismo busquen otros factores asociados a esta mala calidad de sueño y niveles altos de ansiedad", concluyó Peñafiel. Así, la investigación presentada en el V Congreso Nacional Científico de OWSD Bolivia aporta a un diálogo más amplio en torno a la salud mental y el bienestar de los adolescentes, temas que requieren atención en un contexto cada vez más complejo.