Ayer en la madrugada, la capital de Ucrania sufrió un ataque devastador por parte de Rusia, que lanzó más de 40 misiles y más de 150 drones en diferentes áreas de la ciudad. Las autoridades locales reportaron que al menos 16 personas perdieron la vida debido a estos bombardeos nocturnos.
Según la corresponsal en Ucrania, Emmanuelle Chaze, la alerta aérea se activó poco antes de la medianoche, pero las explosiones comenzaron a resonar en Kiev casi de inmediato, reflejando la magnitud de la agresión rusa.
Los ataques no solo causaron víctimas, sino que también provocaron enormes daños materiales. Edificios residenciales, un hospital infantil y diversas instalaciones industriales en la región fueron gravemente afectados, mientras que muchos automóviles quedaron destruidos.
Además de Kiev, otros puntos del país también fueron atacados, como un puesto fronterizo entre la región de Odesa y Moldavia, así como infraestructuras de gas en Chernihiv, aumentando la preocupación por la seguridad en la región.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, volvió a manifestar su preocupación por la escalada de ataques rusos y la falta de sistemas de defensa como los misiles interceptores Patriot, necesarios para proteger a la población de estos ataques aéreos.
En la mañana siguiente, los equipos de rescate estaban trabajando entre los escombros de los edificios destruidos, mientras las familias dolientes observaban los trabajos de recuperación tras el trágico ataque.
A medida que la guerra se extiende por más de cuatro años, los ataques de largo alcance han aumentado, lo que ha elevado el número de civiles afectados en este conflicto en curso. Las fuerzas ucranianas enfrentan desafíos significativos para interceptar los misiles rusos, que alcanzan la capital a velocidades alarmantes apenas se emite la alerta.