En el cierre de la Semana de la Moda de París, el diseñador Nicolas Ghesquière exhibió su última colección para Louis Vuitton, caracterizada por elementos futuristas que capturaron la atención del público. El desfile tuvo lugar en un entorno inspirado en la ciencia ficción, con autos voladores como parte de la escenografía, ubicado en uno de los patios del Museo del Louvre.
Las creaciones presentaron siluetas estilizadas, vestidos de malla y tejidos ultraligeros en una variedad de tonos claros. Además, algunos conjuntos estaban decorados con rombos de colores metálicos, enfatizando la modernidad de la colección.
Ghesquière destacó que su trabajo tomó en cuenta el impacto del cambio climático, diseñando piezas que funcionan como "una segunda piel" y que son extremadamente ligeras. Resaltó la importancia del movimiento, reflejando esta filosofía en la fluidez de sus conjuntos, que incluyen pantalones y tops con volantes.
La paleta de colores se centró en tonos neutros, como grises, plateados y amarillos, creando una atmósfera sobria y elegante. Al mismo tiempo, las icónicas piezas de cuero de la marca, como las chaquetas ajustadas adornadas con el monograma de Louis Vuitton, no podían faltar en esta muestra.
Los bolsos, otro sello distintivo de la casa, fueron presentados en tamaños más pequeños, posiblemente para atraer a un rango más amplio de clientela. El desfile contó con la presencia de estrellas como Zendaya, Emma Stone y Jennifer Connelly, quienes brillaron en la pasarela.
A diferencia de Chanel y Dior, que han renovado sus directores artísticos en un intento por revitalizar su imagen en un sector del lujo complicado, Ghesquière representa la estabilidad de Louis Vuitton, consolidando casi 13 años en la dirección creativa de la marca, a pesar de los rumores sobre su posible salida.