Un equipo internacional de astrónomos, con participación del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) de España, ha hallado el primer caso documentado de un planeta de segunda generación orbitando una enana blanca. Este descubrimiento sugiere que la muerte de una estrella no marca el fin de la formación planetaria, sino que puede dar origen a nuevos mundos.
Los resultados se publicaron en la revista Nature Astronomy, liderados por la Universidad de Warwick en el Reino Unido. Hasta ahora, se habían propuesto planetas "renacidos" alrededor de púlsares, pero este hallazgo confirma que es posible que se formen planetas de segunda generación en torno a enanas blancas, es decir, remanentes de estrellas que han agotado su combustible.
Los planetas de segunda generación son mundos que se forman a partir del material que una estrella expulsa al morir. Son increíblemente raros, y encontrar uno alrededor de una enana blanca fue totalmente inesperado. Es como encontrar un planeta que ha surgido de las cenizas de la misma estrella que orbitaba.
La enana blanca en cuestión, conocida como HS 0209+0832, fue identificada en 1999 por el Telescopio Espacial Hubble. Su atmósfera presenta más de 100 líneas espectrales no identificadas, lo que indica una composición química poco común, incluyendo elementos pesados como zinc y niobio, en concentraciones mucho más altas que las encontradas en el Sol.
A diferencia de otras enanas blancas que contienen restos de asteroides rocosos, HS 0209+0832 muestra una huella química que sugiere un proceso especial de formación. Nicholas Stone de la Universidad de Wisconsin-Madison explica que este patrón de elementos es indicativo de reacciones nucleares típicas de estrellas moribundas, lo que refuerza la idea de que el nuevo planeta es diferente a los convencionales.
Los investigadores creen que HS 0209+0832 está captando material de un planeta gigante de segunda generación que se formó a partir de un disco de material generado durante la muerte de la estrella. Esto explica la presencia de elementos pesados en la atmósfera de la enana blanca, lo que proporciona pistas sobre su origen.
Para confirmar la existencia del nuevo planeta, el satélite TESS de la NASA detectó una señal de brillo proveniente del mismo, lo que coincide con un ciclo de 4,4 días, sugiriendo que se trata de un gigante gaseoso similar a Júpiter, orbitando muy cerca de la enana blanca. Esto implica que su atmósfera puede evaporarse debido a la intensa radiación, contribuyendo así a la peculiar composición química observada.
Si se valida este descubrimiento, HS 0209+0832 se convertiría en la primera enana blanca conocida en albergar un planeta de segunda generación, abriendo nuevas posibilidades para el estudio de mundos que surgen de la muerte estelar.