El próximo presidente de Brasil se hará cargo de una economía en desaceleración, caracterizada por tasas de interés elevadas, una creciente deuda pública y un déficit fiscal peligroso que se aproxima al 10%. Sin embargo, también heredará un mercado laboral en su mejor momento, con el desempleo en sus niveles más bajos.
Contrastes en la economía
Las elecciones programadas para el domingo 4 de octubre marcarán la confrontación de dos enfoques económicos en el país: la propuesta social del actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva frente al modelo neoliberal del senador Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario Jair Bolsonaro.
Después de una década de estancamiento (2011-2020) con crecimientos ínfimos, el PIB de Brasil ha logrado una expansión superior al 2% en los últimos cuatro años, aunque ha comenzado a perder impulso. En 2023, el PIB creció un 3,2% y se proyecta un 3,4% en 2024, gracias a iniciativas como el aumento de ayudas sociales y el salario mínimo.
No obstante, la alta tasa de interés, que actualmente se sitúa en un 13,75%, ha generado un freno en la inversión y el acceso al crédito. Esto ha llevado a que las familias brasileñas destinen cerca de un tercio de sus ingresos al pago de deudas, un nivel alarmante. La mezcla de deuda y altos intereses crea un escenario complicado para la economía.
La deuda pública ha aumentado considerablemente, pasando del 73,5% del PIB en 2022 al 82,9% en agosto de este año. Además, el déficit fiscal se ha duplicado bajo la administración de Lula, alcanzando el 9,48% del PIB interanual en agosto. La próxima administración tendrá el reto de manejar el gasto público y asegurar una mayor estabilidad fiscal.
A pesar de este contexto fiscal difícil, la tasa de desempleo se mantiene baja, en un 5,3%, mientras que el número de trabajadores alcanzó un récord de 103,5 millones. Aunque la informalidad ha aumentado ligeramente, los empleos formales están en máximos históricos, lo que ha permitido un incremento en los ingresos reales de los trabajadores.
La inflación, por su parte, se encuentra controlada en un 4,22% interanual, aunque el costo de vida aún es un punto de preocupación para la población. Lula ha reconocido que el aumento en los precios de los alimentos durante su mandato, aunque menor que el de su antecesor, sigue afectando el bolsillo de los brasileños.
Con estos antecedentes, las elecciones se presentan como una oportunidad crucial para definir el rumbo económico del país, donde la presión por la reforma fiscal y el control del gasto público será fundamental para el futuro de la economía brasileña.