Desde que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) intensificó sus operativos en Doral, María, una migrante venezolana de 52 años, ha modificado drásticamente su vida cotidiana para eludir a las autoridades. Acompañada de su esposo y dos hijas, ha optado por quedarse en casa, temerosa de ser detenida mientras su caso de asilo sigue pendiente.
Doral, ubicado en el condado de Miami-Dade, ha visto un aumento en la vigilancia de ICE, lo que ha llevado a muchos migrantes a replegarse. María, quien ha residido en esta ciudad durante siete años, comparte su miedo constante de ser detenida, especialmente tras la experiencia de su primo, quien también tenía un caso de asilo y fue arrestado en Orlando.
La incertidumbre que siente María es paralela a sus cambios en el estilo de vida. Ha dejado de participar en actividades sociales y solo sale de casa para trabajar. Cada vez que otra madre se ofrece a ayudar con el traslado de su hija a la escuela, ella acepta, sabiendo que probablemente es otra madre venezolana que entiende su situación.
Un entorno de miedo y desconfianza en Doral.
Al salir, María revisa aplicaciones y portales que informan sobre los movimientos de ICE en la ciudad. A menudo siente que su corazón se acelera y su ansiedad se manifiesta físicamente. Ha instalado una app en los dispositivos de su familia para localizarlos en todo momento, buscando una forma de sentirse más segura.
La familia de María decidió quedarse en EE.UU. tras sufrir un secuestro en Venezuela que puso en riesgo su vida. Desde su llegada a Miami en 2019, han estado en proceso de asilo. Sin embargo, con las restricciones impuestas por la administración de Trump y la reciente aprobación del acuerdo 287(g) en Doral, la situación ha cambiado drásticamente.
María y su familia representan a miles de venezolanos que, a pesar de recibir el Estatus de Protección Temporal (TPS) bajo la administración de Biden, sienten que su existencia en EE.UU. es una lucha constante contra el sistema. Ante el temor de la deportación, están considerando mudarse a Canadá, donde su vida podría ser más segura.
"Siento que esto es como un secuestro. Me siento como en Caracas cuando estaban los secuestros exprés", expresa María, reflejando el terror que siente en su vida actual.