China ha logrado reemplazar parte del petróleo iraní y de otros países del Golfo por suministros provenientes de Rusia y Brasil, aunque el desafío de sustituir el gas de la región sigue siendo considerable.
Antes de su importante visita a Estados Unidos, el presidente chino, Xi Jinping, recibió al ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, reforzando así la influencia de Pekín en Teherán.
La guerra con Irán será un tema clave en la reunión entre Xi y Trump. Desde el inicio del conflicto, China ha manifestado su rechazo a los ataques de EE.UU. e Israel y ha instado al cese de las hostilidades, así como a la reapertura del estrecho de Ormuz.
La estrategia energética de China, que incluye vastas reservas de petróleo, le ha permitido manejar el impacto económico de la guerra, aunque los costos siguen en aumento, advierte Andrea Ghiselli, especialista en relaciones internacionales.
El país asiático depende en gran parte de las importaciones de petróleo, ya que este recurso representa alrededor del 20% de su consumo total de energía, con más del 70% proveniente del exterior, según datos de la Administración de Información Energética de EE.UU.
"Los chinos no quieren que se siente un precedente que permita a Estados Unidos obligar a sus empresas a seguir sus políticas mediante la presión"
A pesar de la disminución en las exportaciones de petróleo iraní hacia China, debido al bloqueo naval estadounidense, se espera que el comercio se adapte, aunque esto podría encarecer el transporte, limitando las opciones a rutas terrestres menos eficientes.
China busca una resolución pacífica al conflicto, prefiriendo incentivar negociaciones que permitan un levantamiento de las sanciones, lo cual podría beneficiar su relación con Irán y también facilitar una victoria política para Trump.