Rusia ha comenzado un proceso de votación que se extenderá durante tres días con el objetivo de elegir a los nuevos miembros de su Parlamento. Este evento es crucial para el Kremlin, ya que permitirá evaluar el apoyo popular a la guerra en Ucrania, un conflicto que se intensificó desde la llegada de las tropas rusas en febrero de 2022 y que ha traído consigo un saldo trágico de cientos de miles de muertos.
La jornada electoral se inició con un ataque de 350 drones ucranianos en la región de Moscú, aunque la mayoría fueron interceptados y destruidos, según el alcalde de la capital. Este evento resalta la tensión que persiste en el país y la urgencia de los comicios.
Solo los partidos que apoyan la agenda de Putin y su intervención en Ucrania están participando en estas elecciones, que también abarcan las regiones ucranianas bajo control ruso. Esto sugiere que el Kremlin busca no solo reforzar su posición política, sino también medir el respaldo social a su estrategia militar.
Resultados y contexto político en Rusia
La votación tiene como objetivo renovar los 450 escaños de la Duma, la cámara baja del Parlamento, y culminará el domingo a las 18H00 GMT, con los primeros resultados programados para su divulgación inmediata. Desde el año 1999, Putin ha mantenido un control firme sobre el país a través de su partido, Rusia Unida, que ha dominado el panorama político ruso desde principios del siglo XXI.
En un centro de votación en Moscú, Serguéi Korenets, un trabajador de 41 años, expresó su intención de votar por Rusia Unida en busca de "estabilidad", un concepto asociado a la propaganda oficial, aunque admitió que anhela el fin del conflicto en Ucrania.
Con una oposición prácticamente eliminada, el único partido que se mostró en contra de la guerra, Yábloko, fue excluido de la contienda electoral. Como consecuencia, los principales rivales de Putin están alineados con sus políticas y apoyan la guerra, lo que hace previsible una victoria abrumadora del partido oficialista.
Expertos políticos sugieren que estos comicios servirá como un indicativo del descontento popular en relación con la guerra, especialmente dada la reciente intensificación de los ataques ucranianos que han llegado a regiones tan distantes como Siberia. La represión de la disidencia y el control mediático han limitado el debate público, dejando a la población en una situación de incertidumbre.