La sequía ha comenzado a impactar severamente a Bolivia, afectando a seis departamentos, incluidos Chuquisaca, Santa Cruz y La Paz, donde ya se han declarado estados de emergencia en al menos 26 municipios. La crisis, que se agrava por el fenómeno del Súper Niño, está causando estragos en la agricultura y la ganadería.
En Chuquisaca, 21 municipios han sido afectados, enfrentando pérdidas significativas en cultivos y ganado. Santa Cruz no se queda atrás, con cuatro municipios que se han declarado en emergencia, y La Paz, donde el municipio de Nuestra Señora de La Paz ha emitido una alerta roja por la drástica disminución del agua en las represas, especialmente en Hampaturi. Otros departamentos como Tarija, Oruro y Potosí también se encuentran en una situación crítica, aunque todavía no han oficializado su declaratoria de emergencia.
El ministro de la Presidencia, Fernando Aramayo, aseguró que el Gobierno ha activado medidas bajo la Ley 602 de Gestión de Riesgos para enfrentar los incendios y garantizar el suministro de agua potable mediante la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (Epsas). Sin embargo, el alcalde de La Paz, César Dockweiler, ha manifestado su preocupación, indicando que no se puede esperar a que las consecuencias sean devastadoras para actuar.
Impacto en la salud pública y el abastecimiento de agua
Investigaciones de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) han revelado que la falta de agua y las altas tasas de radiación han llevado a un aumento preocupante de microorganismos patógenos en las represas, lo que pone en riesgo la calidad del agua que se distribuye a la población. La presencia de bacterias como Legionella y Pseudomonas es alarmante y requiere vigilancia constante.
Además, la Cámara Nacional de Industrias (CNI) ha advertido que el Súper Niño podría tener un impacto significativo en la producción y el empleo en el país, sugiriendo la creación de un Consejo Nacional de Prevención para anticipar los efectos económicos de este fenómeno. Se estima que el impacto podría hacer caer el crecimiento del PIB en hasta 2 puntos porcentuales en 2026, dependiendo de la gravedad de la sequía y de las respuestas del Gobierno.
"El clima no podemos controlarlo. El impacto sí podemos reducirlo. Anticiparnos es producir", afirmó Gonzalo Morales, presidente de la CNI.