El partido entre Chile XV y Uruguay XV, que se llevó a cabo el 29 de agosto en Talcahuano, estuvo marcado por un incidente violento que derivó en severas sanciones. Joaquín Myszka, jugador uruguayo, fue expulsado tras un tackle que causó una lesión multiligamentaria en la rodilla del chileno Emilio Shea, y recibió una suspensión de 13 partidos por parte de Sudamérica Rugby.
El árbitro Federico Longobardi tomó la decisión de expulsar a Myszka tras la infracción, que se enmarca en la Ley 9.13. Posteriormente, Myszka compareció virtualmente ante el Oficial Judicial Carlos Peña Rachetti, quien determinó la duración de su sanción.
A raíz de la grave lesión de Shea, que requerirá aproximadamente un año de recuperación, se generó un intenso debate en ambos países. En Chile, muchos consideraron la sanción como insuficiente, dado el impacto del tackle en la carrera del jugador.
En contraste, en Uruguay la decisión fue vista como un castigo severo. Además de Myszka, otros tres jugadores recibieron sanciones, incluyendo al capitán Lucas Bianchi, quien fue suspendido por tres partidos, e Ignacio Dotti, con dos. Desde Chile, el capitán Clemente Saavedra también fue sancionado con tres encuentros.
La tensión se intensificó en el partido tras el tackle, lo que provocó una pelea entre los jugadores de ambas selecciones, resultando en las expulsiones de Myszka, Saavedra y Bianchi. Mientras tanto, Myszka tendrá que cumplir su suspensión, y su regreso a la competencia dependerá del calendario de los torneos.
La situación de Shea, quien enfrenta una larga recuperación, destaca la gravedad del incidente y las repercusiones que pueden tener estas acciones en el mundo del rugby. El caso ha suscitado un debate sobre la necesidad de medidas más estrictas para proteger a los jugadores en el campo.