Benjamín Reguerin Arias, un talentoso joven de 15 años, realizó un viaje sin precedentes al Polo Norte, resultado de su triunfo en el concurso internacional 'Rompehielos del Conocimiento', promovido por la corporación rusa Rosatom. Esta iniciativa busca fomentar el entendimiento sobre el uso positivo de la energía nuclear.
El joven, junto a Júlia Passarini de Brasil, fue uno de los únicos dos seleccionados del continente americano para formar parte de esta exclusiva expedición. Durante diez días, el rompehielos nuclear 50 Let Pobedy (50 Años de la Victoria) se convirtió en su aula, albergando a 22 jóvenes de varias naciones que compartían el mismo entusiasmo por la investigación científica.
El viaje hacia el Ártico no fue sencillo. Benjamín se enteró del concurso a través de un amigo y decidió involucrarse, dedicando tiempo a investigar sobre ingeniería nuclear y produciendo contenido científico audiovisual. Cuando recibió la noticia de su victoria en Bolivia, no pudo contener su alegría y saltó de la cama, sorprendido por la oportunidad que inicialmente le parecía inalcanzable.
La rutina en el barco comenzaba a las 08:00, con una radio matutina, seguida de ejercicios al aire libre entre gigantescos bloques de hielo. Las jornadas combinaban conferencias magistrales sobre ingeniería, astrofísica y astronomía, junto con dinámicos talleres grupales, lo que propició un rico intercambio cultural entre jóvenes de 22 países.
Un futuro brillante en la ciencia
Para Josely Arias, madre de Benjamín, este logro es el resultado de un esfuerzo cultivado desde su infancia, impulsado por su afán de cuestionar y explorar. La influencia de su hermano mayor en proyectos de investigación motivó su interés inicial por la ciencia, aunque con el tiempo, Benjamín sorprendió a su familia con su capacidad para entablar debates científicos profundos.
Esta experiencia polar no solo reafirmó su potencial, sino que también transformó sus aspiraciones académicas. Aunque inicialmente pensaba especializarse en Ciencias de la Computación o Inteligencia Artificial, la interacción con expertos en el Ártico despertó en él un interés renovado por la astrofísica y la astronomía, demostrando que el talento boliviano es ilimitado cuando se combina con la pasión por el conocimiento.